Cualquier autónomo o empresa, antes de ponerse a funcionar, busca una asesoría fiscal, laboral y contable. Es quien le va a llevar todo el papeleo relacionado con estas áreas. Sin embargo, recurrir a una consultora financiera y que redacte un informe proporciona una información incuestionable para conseguir que el proyecto se inicie con éxito.
Aunque un asesor (fiscal, laboral, contable) puede hacer sugerencias a su cliente, su función es básicamente administrativa. Un consultor financiero, en cambio, es un orientador. La gran mayoría de asesores son graduados sociales, una formación de carácter jurídico; mientras que un consultor financiero es un economista.
El asunto de la financiación es una de las cuestiones que más preocupan a los emprendedores. Ya sea para poner en marcha un negocio o para emprender un proyecto que implique un salto cualitativo en su actividad empresarial.
El pago de impuestos, el tema fiscal, es otro de los temas primordiales. Todo empresario o emprendedor desea estar al corriente de sus pagos con las administraciones públicas, y que este pago le ocasione las menores molestias económicas posibles.
Tal y como nos cuentan los auditores de Crowe, una consultoría internacional que trabaja tanto con entidades públicas como privadas, la financiación y la fiscalidad son solo dos aspectos, aunque importantes, de las finanzas de una empresa. Para tomar decisiones correctas, el empresario necesita una información más amplia. Un enfoque global que prevea los diferentes escenarios posibles y las alternativas que tiene frente a los riesgos y oportunidades que se le presenten en el camino.
El trabajo con una consultoría financiera puede ser puntual o sistemático. Se puede contratar una auditoría en un momento dado, o solicitar que lleven un seguimiento de la actividad de la empresa. Ambas opciones son lícitas y beneficiosas. No nos vamos a centrar en diferenciar la una de la otra. Pero sí en valorar en qué ayuda ese servicio al emprendedor.
Para corroborar la viabilidad de la empresa.
Constituir una empresa es una decisión meditada. El empresario le ha dado mil vueltas a su proyecto antes de invertir sus ahorros o buscar una financiación exterior, que muchas veces implica un endeudamiento, para poner en marcha su proyecto. Aunque sea de manera oficiosa, en su propia cabeza o apuntado con bolígrafo en un cuaderno, el empresario se ha creado un bosquejo de plan de empresa.
En ocasiones, ese plan de empresa se refleja en un documento. Principalmente, cuando se necesita financiación externa. Conozco autónomos que para capitalizar el paro, tuvieron que presentar una memoria de su proyecto al INEM. Este documento, con frecuencia, responde más a los requisitos que exige el financiador que a la realidad. No quiero decir con esto que la información que refleje no sea cierta. Pero es un plan para el empresario, si no para cubrir el expediente.
Saber la viabilidad de un proyecto implica conocer con cierta profundidad el sector en el que se va a desarrollar o, al menos, tener experiencia en la gestión empresarial para comprobar si los cálculos previstos son adecuados. Estos son datos que, a menudo, las entidades financieras desconocen.
Por otro lado, contar con un punto de vista externo, que no esté involucrado directamente en el desarrollo de la idea de negocio, suele resultar valioso. Es normal que el emprendedor haya obviado ciertos aspectos que van a afectar a su negocio.
Contar con una planificación sólida desde el principio.
La Conferencia Canaria de Empresarios hace especial hincapié en su web de la importancia vital que puede llegar a tener un buen plan de negocio. Entre otras cosas, es una estupenda carta de presentación para buscar financiación o para negociar con posibles proveedores. Pero, ante todo, marca una hoja de ruta para el empresario.
Una buena planificación debe diseñarse a corto, medio y largo plazo. El plan debe contemplar el primer año de funcionamiento de la empresa. Este es el momento más complicado. En el que se invierte una gran cantidad de recursos y de energía y no dan un beneficio inmediato. O al menos, no el deseado.
Es importante que el empresario se plantee a tres años vista dónde quiere estar. En qué nivel de desarrollo quiere que se encuentre su empresa. A partir de ahí, tiene que valorar qué es lo que tiene que hacer para llegar a ese punto.
También debe mirar a largo plazo. Qué objetivos se plantea alcanzar en 5 años. Es en este apartado donde muchos planes de empresa flaquean. Ni tan siquiera se lo plantean. Pero quizás sea el más importante. Es el horizonte de conquista. El que ordena la cabeza del empresario y el que va a guiar sus acciones. La planificación hay que hacerla de atrás para atrás. El año y los tres años son etapas intermedias para conquistar un objetivo mayor.
Otro aspecto que se debe considerar es que la planificación ha de ser materialista, factible. No puede nacer preñada de voluntariedad y ajena a la realidad.
Acceso a financiación.
En el emprendimiento, la financiación es un asunto recurrente que aparece en la base de cualquier proyecto. No en vano, nos hemos venido refiriendo a ella a lo largo de todo el artículo. Uno de los problemas que suelen tener los emprendedores es que limitan sus fuentes de financiación.
La vía de financiación más recurrente es la financiación bancaria. Conseguir un crédito concedido por un banco o una entidad financiera para cubrir los gastos iniciales del proyecto. Sin embargo, a veces no es la opción más fácil de conseguir, ni la más sencilla de soportar.
En los últimos años, se han ido conformando otras vías alternativas de financiación como el crowfunding (o micromecenazgo), o el networking, a partir de simbiosis y relaciones de colaboración con otros emprendedores.
Aparte de ellas, existen otros mecanismos de financiación que las empresas y emprendedores no utilizan porque las desconocen o porque no saben cómo aplicarlas, gestionarlas o tramitarlas.
Nos referimos, por ejemplo, al anticipo de facturas. Un sistema que está poniendo en marcha algunas financieras privadas y que permite al empresario endosar las facturas pendientes de cobro de sus clientes, a cambio de recibir el importe de la factura, menos la comisión por el servicio.
Otro recurso subestimado son las subvenciones y ayudas públicas. Una vía de la que los empresarios no se aprovechan todo su potencial. Muchas veces porque no las conocen y otras por lo fangoso que es lidiar con la burocracia.
Tener un consultor financiero a tu lado, ayuda bastante en este campo.
Control de riesgos.
Prever de forma adecuada los riesgos es otra de las ventajas que reporta trabajar con una consultoría financiera. En este punto, la escuela de negocios Escuela Europea para la Excelencia presenta una serie de pautas para realizar una correcta gestión de riesgos.
Los riesgos hay que empezar por identificarlos. Por recóndito o improbable que nos parezca un problema hay que tenerlo en cuenta y prepararse para afrontarlo. Métodos como del DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) nos pueden ayudar a descubrirlos.
Una vez identificado un riesgo, se debe cuantificar. Hay que hacerlo a nivel cuantitativo (cuánto dinero representa solucionarlo, qué pérdidas nos puede ocasionar) y a nivel cualitativo (qué importancia representa para la empresa, puede ponerla en riesgo o no, qué probabilidad tiene de que aparezca).
Con todos los riesgos recogidos hay que priorizarlos. Hacer una lista en la que los clasifiquemos y en la que establezcamos con claridad la prioridad para afrontarlos.
Desde ahí se deben fijar estrategias. Bien para prevenirlos, para eliminarlos o para minimizarlos. Toda estrategia implica una serie de acciones a cabo. Sobre estas acciones hay que llevar un seguimiento y, con frecuencia, una serie de ajustes para conseguir el resultado deseado.
El control de riesgos nos puede parecer un tema de sentido común, pero lo cierto es que muchas pymes y autónomos en la práctica ni tan siquiera lo consideran.
Acompañamiento estratégico.
Este es un punto que para nada es secundario. Hace referencia a la fuerza y actitud con la que el emprendedor aborda su proyecto a lo largo del tiempo. A menudo, el emprendedor, aunque tenga socios, tiene la impresión de estar solo contra el mundo. No serán pocos los momentos durante su emprendimiento en los que se cuestionará lo que está haciendo. Aunque el proyecto le entusiasme.
Ante los baches y dificultades se preguntará: ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Quién me ha mandado meterme en este berenjenal? ¿No me iría mejor si estuviera trabajando por cuenta ajena?
Estas vacilaciones aparecen aunque se haya realizado todo el trabajo anterior de manera escrupulosa. Aunque se tenga un buen plan de empresa a medio y largo plazo, aunque se haya conseguido financiación, aunque se haya programado un buen sistema de gestión de riesgos.
Todos los puntos anteriores se mueven en el terreno de la teoría. Pero por muy bien que esté todo planificado, la realidad es diferente. Y al final, lo que manda es la práctica, no la planificación.
El acompañamiento de una consultoría financiera, que va haciendo un seguimiento de la práctica de la empresa, es cualitativo para su desarrollo y para la conquista de sus objetivos.