Maternidad subrogada en Europa, una realidad amenazada

Maternidad subrogada en Europa, una realidad amenazada

Hace unos años cuatro sacó a la luz un documental en el que mostraba cómo en los Estados Unidos de América se podía alquilar el vientre de una mujer para fecundarla con un óvulo previamente fecundado de una pareja que a priori no podía tener hijos. Esto conllevaba un pago por este alquiler, lo que provoca muchas dudas morales y también jurídicas.

Respecto a las dudas morales podemos irnos por el lado de la religión al pensar que es un acto contra natura y todo esa serie de argumentos que van en contra de la vida. Pero en mi opinión las verdaderas razones que justifican que no se debe alquilar un vientre son las jurídicas, que a su vez son las que se admiten en la constitución.

Pero este artículo no trata sobre si la maternidad subrogada es positiva o negativa, sino sobre dónde está permitida. Y cuidado con las definiciones porque estamos hablando de la maternidad subrogada y no de la fecundación in vitro, que es una técnica que no presupone disponer de una mujer para tener un hijo.

Pues bien, antes de enumerar los países donde está permitida, es importante destacar que en España NO es legal alquilar un vientre. Y los motivos son jurídicos porque se produce una vulneración de derechos fundamentales, como es la vulneración del derecho a la dignidad de la mujer.

Pero en países como Rusia, Ucrania, Grecia, Georgia y Reino Unido si que se acepta la maternidad subrogada como una técnica más de reproducción asistida, disponiendo incluso de una regulación legal para su aplicación. Y aquí la regulación cuenta mucho, ya que hay países en la que no está tan claro el asunto. Chipre, la República Checa y también Irlanda aprovechan el vacío legal, es decir, la ausencia de permisión y también de prohibición, para aplicar la técnica. Pero no es aconsejable precisamente acudir a estos países por el hecho de que al no haber regulación es peligroso.

El problema con este tipo de técnicas no es solo que pueden llegar a ser complicadas en algunos casos, ya que no todos los cuerpos aceptan igual el embarazo provocado por fecundación in vitro. La cuestión es que en el momento de inscribir un hijo en el país de origen pueden haber problemas en el Registro, y entonces entramos en un complejo entramado legal en el que es difícil salir, por no hablar del coste económico que conlleva.

El auge de los partidos nacionalistas puede poner en peligro la maternidad subrogada

Como podemos observar la mayoría de países en los que hemos mencionado pertenecen a la ya extinta Unión Soviética, de la que se han derivado sistemas constitucionales en los que la protección de derechos fundamentales tiene un corte diferente, a la tradicional costumbre de los países en los que existe una gran protección de los derechos fundamentales.

Los países que forman parte de la Unión Europea desechan la maternidad subrogada, aunque esto parece que puede cambiar, ya que existe una amenaza que cierne los países integrantes de la Unión Europea, en forma de extrema derecha. En España hemos asistido recientemente al auge de VOX, un partido político que sigue unas políticas tendentes a salir de la Unión Europea y a limitar los derechos fundamentales.

Este tipo de partidos que frecuentan en Europa tienen entre sus políticas limitar el aborto y cualquier técnica de maternidad subrogada. Esto dificultaría mucho a las parejas tener un hijo en los casos en los que existen dificultados. Además abriría la puerta a un mercado negro en el que moverse sería realmente peligroso en términos legales y de salud.

Actualmente se pueden donar óvulos y esperma en clínicas autorizadas y totalmente seguras, siendo una de las más famosas por su experiencia y la confianza que da a las pacientes IVIdona, pudiéndose utilizar dicho material genético para fecundar óvulos en los casos en los que las parejas no pueden tener hijos.

Eliminar esto sería eliminar a las parejas la posibilidad de traer a este mundo a un bebé que puede ser criado en un ambiente adecuado y seguro en el que poder desarrollarse y ser un miembro útil de nuestra sociedad. Ningún extremo es bueno, pero lo que está claro es que no podemos volver a atrás en cuanto a derechos.

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